Sésamo

Ese arroz blanco, pasta con tomate Solís, bocatas insulsos, ensaladas sin el aliño perfecto…y mucho más.Sólo con freír un poco de sésamo(o no tan poco, al gusto) los platos adquieren otro puntito.

Un poco de aceite(suficiente para que el sésamo disfrute de su piscinita hirviente) bien caliente y sal.Dejar freír bastante(cuanto más frito, sin quemarlo, más sabroso…no frito=no sabroso). Dependiendo del tipo de sésamo es más fácil saber cuando está al punto(con sésamo negro es una cuestión de Jedy’s…vas a ciegas, sólo puedes usar La Fuerza de tu olfato). Con sésamo blanco el punto está cuando se pone marrón oscuro…para mi mejor si se pasa de tostado que si se queda crudo.Luego sacas las maravillosas semillitas y haces con ellas lo que quieras. O puedes ir añadiendo más productos al sofrito de sésamo…cebolla, pimiento, tomate, etc.

El aceitito en el que se ha frito el sésamo está ummm…dico dico.

El sésamo negro, además de bueno, es altamente decorativo…sobre todo con comidas blanquitas.

Por ejemplo, puedes freír un huevo habiendo puesto en el aceite un poco de sésamo negro. Tienes que dejar que coja el punto y entonces echas el huevo, este se hace más rápido que el sésamo. Cuando ya se ha frito el huevo por abajo, dejando su sutil puntillita, es cuando lanzas con la paleta el aceite por encima del huevo para que se haga por arriba…allá va el sésamo dejando sus motas negras como el caviar…muy hermoso, aunque el de la foto se puede mejorar.

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