Estofado de calabaza

Recetilla milagrosa de Amparo. Por cierto si os gusta la naturaleza en estado puro os recibirá con mucho gusto en sus

Casas Rurales

Ponemos agua en una olla, no mucha y echamos una cebolla picadita, pero que se encuentre, dos ajos picados también, añadimos tres puñados de guisantes, media cucharadita de café de mostaza en polvo, o mostaza en granitos, un poco menos de canela y un chorrito de vinagre de manzana, aceite de oliva virgen extra a discreción o sea bien, lo dejamos hervir con tapadera; mientras pelamos la calabaza y la hacemos a cubitos, que no sean muy grandes pero anchos, unos 700 gramos más menos, lo pesé el otro día para ponerla porque lo hago a ojo y no tenía ni idea de la cantidad que empleaba; pelamos una patata y también a trocitos, pero como para guisado de carne, ni grandes ni pequeños, lo añadimos, el agua más vale poca que mucha porque queremos que nos quede un caldo trabado y ya está, si veis que os queda un poco caldoso yo le pongo un poco de maicena desleída.
Las cantidades las mido por colores, mucho naranja, blanco de la patata esparcido pero sin abrumar y de vez en cuando toques de color verde guisante.


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Ensalada con alcachofas

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Las comidas del verano

En esta época del año sucede que cambian nuestros gustos alimentarios debido al cambio de temperatura sobre todo…eso todos lo sabemos ¿no?
Nos apetece la fruta, las ensaladas, sopas frias, cosas ligeras que no necesiten de una digestión pesada. Bién. Lo que mucha gente desconoce es que este tipo de alimentación -tan sana bién llevada- puede resultar desastrosa en términos de flora intestinal.
Y es que a fuerza de ingerir fibra (la de la fruta, hortalizas, etc) nos cargamos esa flora con el consiguiente susto en forma de descomposición, etc.
Resumen; fruta y verdura si! por supuesto, pero sin pasarse. Hay gente que se come un melón de una sentada y loa sus bondades: que si es muy sano, que es todo agua, etc…pero debemos comerlo solo, nunca combinado con verduras o legumbres y menos hacer la famosa combinación con jamón, tan común hoy día, así no resultará pesado e indigesto.

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Tomate rajado

Una receta de Ramón Tejeiro, clarita:

La técnica de preparación es fácil: consiste en rajar al medio un tomate -perpendicularmente a su eje- ponerle un poco de sal y comérselo a bocados. El misterio, sin embargo es definitivo. Si el tomate no es perfecto, el esfuerzo es baldío. El tomate debe ser de huerta, cortado maduro ¡ni hablar de especies resistentes, invernaderos, maduración en cámara! … si no puede conseguir un tomate como debe ser, cómase un bocadillo de jamón y espere a tener en la mano uno de esos tomates turgentes, de piel suave y carne prieta aunque no dura, que te perfuman el olfato al ser cortados y chorrea su zumo por las comisuras de los labios de quien se acerca a él con la más primitiva de las pretensiones de posesión: la gástrica.

Lo de los tomates entra en esta historia en Valdemaqueda en un viaje de adolescencia, buscando la cercanía de mi querida Amalia. Casi al principio creímos haber perdido el dinero previsto para la comida -que luego apareció en un bolsillo oculto de la mochila- El resultado de la anécdota fue una semana comiendo tomate rajado y morcillas asadas al fuego de hoguera… recuerdo pocas combinaciones tan deliciosas.

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Ensalada con queso de cabra gratinado…

…y muchas más cosas, pero ¿que nombre habría que ponerle entonces?

Lleva varios tipos de lechuga, judias blancas, tomate, cebolla, aceitunas y una vinagreta (miel, módena, aceite de oliva, hierbabuena).

Ponedle imaginación y lo que más os guste. El queso es de ese que ahora está tan de moda, de cabra en rulo -ojo que es bastante salado, no recomendado hipertensos-.

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El gazpacho del siglo XXI

La famosa sopa fria andaluza por excelencia pero internacional por reverencia, se ha convertido en un compendio de sorprendentes jugos de verduras , frutas, legumbres y hasta carnes animales si me apuran.

Todo vale ¿por que no?, un gazpacho de lentejas con aroma de jabugo puesss hasta puede estar bueno.

Bromas aparte, los hay muy conseguidos, como los de sandia y melón o los de zanahoria y puerro. Hace unos dias probé uno de uvas y remolacha…uno puede quedarse un poco “jodido” porque en principio no le sacas el gusto -mentalmente quiero decir-, pero el chef de turno creanme que lo bordó, para mi gusto claro.

El color lila sin exagerar es lo primero que llama la atención lógicamente. Enseguida te imaginas el sabor a tierra de la remolacha y sí, lo notas, pero suavemente, ligero y entremezclado con el dulce de la uva moscatel. Un puntazo oiga. El aderezo estaba compuesto por unas finas hierbas, un toque de módena y otro de aceite de sésamo que apenas si se nota (si te pasas con el será el único sabor de la comida que prepares).

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